«BLAS DE LEZO», el marino “COJO, TUERTO Y MANCO”, y la «MAZA» de «RENDÓN»

La noticia de esta semana, nos muestra la hermandad existente entre las ciudades de Cartagena de Indias y Ferrol. Esta historia, en la línea de la saga ya muchas veces comentada en este blog, “Piratas del Caribe”, es una de las muchas en las que se ha demostrado la capacidad estratégica de la marina española de la época. Y para que no caigan en el olvido estas hazañas, desde el pasado 27 de Enero se exponen en el Palacio de Capitanía de Ferrol, y durante un mes, las peripecias del vasco Blas de Lezo. Esta vez dedico la noticia a mi compañero Manuel Afonso de Amorim que hace unos días me dio a conocer el comic y parte de la historia de la «maza» con la que enlazo al final de la noticia.

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Los ferrolanos y visitantes, durante un mes podrán visitar en el Palacio de Capitanía una exposición sobre el teniente general Blas de Lezo  y Olavarrieta (1689-1741). Estructurada en seis bloques, la exposición se adentra en su figura mostrando el contexto de su época, las batallas en las que tomó parte en el Mediterráneo, en el Pacífico y en Cartagena de Indias, así como la leyenda y el recuerdo que ha permanecido hasta la actualidad de este marino. En la exposición, además, se podrán ver dos paneles audiovisuales sobre las fortificaciones de Cartagena de Indias y sobre la batalla librada en esa plaza en 1741; una estatua de Blas de Lezo del autor Ferrer Dalmau y un uniforme reglamentario, así como una espada de la época. Todas las personas interesadas en visitar la exposición podrán hacerlo en horario de 17.00 a 20.00 horas los días laborables. Sábados, domingos y festivos también abrirá por las mañanas, desde las 11.30 a las 13.30 horas, y por las tardes en la misma franja.

Blas de Lezo nació en Pasajes, Guipúzcoa, el 3 de febrero de 1687, aunque aún existe controversia sobre el lugar y el año en que vino al mundo. Pero de lo que no hay duda es que se trataba de un marinero vasco que se convirtió en uno de los más grandes estrategas de la Armada española en toda su historia. Su carrera militar empezó en 1704, siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. Blas de Lezo había estudiado en Francia cuando esta era aliada de España en la Guerra de Sucesión. Tenía 17 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse.

Ese mismo año se quedaría cojo. La pierna la perdió en la batalla de Vélez-Málaga, la más importante de la Guerra de Sucesión, en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa y la franco-española. Fue una dura batalla en la que una bala de cañón se llevó la pierna izquierda de Blas de Lezo, pero él continuó en su puesto de combate. Después se le tuvo que amputar, sin anestesia, el miembro por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el marino no profirió un lamento durante la operación.

La pierna la perdió debido a una bala de cañón. Aunque el combate finalizó sin un vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su heroicidad. Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se le ascendió a alférez de navío. El ojo lo perdió dos años más tarde, en la misma guerra, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. Esta vez, tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo.

Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con su suerte. La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el «Almirante Patapalo».

El mayor desafío de Blas de Lezo se sucedió sin duda en Colombia, en 1741, donde tuvo que defender Cartagena de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses, ansiosos de conquistar el territorio. En este caso, los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad.

Los ingleses, con Vernon a la cabeza, contaban con 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 hombres. Por el contrario, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. Las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. La proporción entre los españoles y los ingleses era de un español por cada diez ingleses.

La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses. Lezo llegó a incendiar sus buques para obstaculizar la entrada de los ingleses. Aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable. Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas.

OREJA MAQUETA BOCAGRANDE

A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.

La hora de la victoria inglesa había llegado. En el castillo de San Felipe, resistían únicamente seis centenares de soldados. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque.

En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. El ‘Almirante Lezo’ había ordenado cavar un foso cerca de los muros para aumentar su altura y evitar el asalto. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con cientos de ingleses.

El día siguiente, los españoles salieron de la fortaleza dispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y volviera a sus navíos. Ahora, y de forma definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y, por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante Blas de Lezo».

Después de esa batalla, se sucedieron una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron rechazados.

Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos. Sin embargo, según determina el historiador Vidondo, es difícil creer que la cifra sea tan baja, ya que el oficial tuvo que hundir varios navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas. «Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.

De hecho, y según cuenta la leyenda, Vernon sentía tanto odio hacia Lezo que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga, Lezo!).

En respuesta escrita a Vernon, Blas de Lezo pronunció la inmortal frase:

«Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir.»

Blas de Lezo falleció ese mismo año en Cartagena de Indias al contraer la peste, enfermedad generada por los cuerpos no sepultados (casi todos ingleses) ocasionados por los sucesivos combates. Existe un monumento en su honor en aquella ciudad.

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Para ir dando fin a la noticia de esta semana, que soy consciente de que se está extendiendo mucho, no puede dejar de hacer mención a un suceso que ocurrió el pasado 31 de octubre de 2014. Resulta que el Príncipe Carlos de Inglaterra estuvo en Colombia, y si por el algo se le recordará, será por haber inaugurado una placa junto a las murallas de Cartagena de Indias, que rezaba el siguiente texto:

“En memoria del sufrimiento de todos los que murieron en combate intentando tomar la ciudad y el fuerte de San Felipe, bajo el mando del almirante Vernon en Cartagena de Indias en 1741”.

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Como era de esperar, la placa levantó tanta polémica, que finalmente el alcalde de la ciudad accedió a retirarla. No obstante, cuatro o cinco días después de la inauguración de la placa, y antes de que se retirara, titulares de prensa lanzaban la siguiente noticia:

“Un ciudadano de Cartagena de Indias destrozó a martillazos la placa inaugurada en honor a los soldados ingleses que perecieron intentando conquistar la entonces ciudad colonial española en 1741, reconoció el propio agresor. Se trata de Jaime Rendón, militante del partido de derechas Centro Democrático, quién aseguró que tomó esa drástica solución porque el alcalde cartagenero Dionisio Vélez, “ni ve, ni oye, ni entiende”. “Ha cometido demasiados errores y todos traen dolor”, dijo Rendón. El agresor fue detenido por daños a bienes públicos, aunque aseguró que actuó por iniciativa propia”.

Este hombre quedó en libertad horas después, ya que no se le culpó de ningún delito por haber resquebrajado la placa que estaba ubicada en los bajos del Castillo San Felipe de Barajas. De haber sido hallado culpable se hubiera enfrentado a una pena de entre 1 y 5 años de cárcel o a una multa de hasta 8 millones de pesos.

Rendón Márquez, de 69 años, ingeniero eléctrico e industrial, experto en electrónica, comunicaciones, y activista de derechos humanos y de los animales, aseguró que hizo lo que debía hacer y que no cometió ningún delito, ya que el alcalde había anunciado que iba a retirar la placa. Ahora solo se ríe de un «fotomontaje» que le sacaron después del incidente, en el que aparece su imagen con la maza, en un fondo amarillo, acompañado de la frase que hizo famosa a María Niño «El tormento tuyo, soy yo». Finalizó indicando que le parecía una ridiculez rendir tributo a los ingleses que nada bueno han traído a la ciudad a lo largo de su historia.

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De acuerdo con el abogado Juan Carlos Cárcamo, su defendido renunció al derecho a guardar silencio y solicitó un interrogatorio porque querían ser escuchados por la fiscal de la URI, quien tenía el proceso. Cárcamo señala que alegaron que a pesar de que la donación de la placa debió realizarse al Distrito, esto “no quiere decir que sea patrimonio histórico y cultural, porque dentro de las declaraciones que existe eso no está incluido, o sea que el daño que se podría materializar sería daño en bien ajeno particular, que es un delito querellable (requiere denuncia), pero como no hay denuncia, no hay nada”. Rendón Márquez quedó en libertad y dice estar dispuesto a decirle al alcalde Dionisio Vélez que él se ofrece a terminar de partir a ‘mazazos’ lo que queda de la placa, y así ahorrar el trabajo a los obreros del mandatario, consiguiendo de esta forma darse «el gusto” de hacerlo, y ahorrándole dinero a las arcas del ayuntamiento.

Destacar para finalizar, y ya fuera del tema de la maza, que la Armada actualmente posee una fragata, la F-103, de la clase Álvaro de Bazán, botada en los astilleros de Izar (actualmente Navantia) en Ferrol y en activo desde diciembre de 2004, que fue nombrada “Blas de Lezo”, en honor al personaje de la noticia de esta semana. Precisamente la fragata llegaba estos días a Ferrol después de unas maniobras. Y también el servicio de Correos se acordó de él.

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Para terminar, se puede ver un videoresumen de Lezo en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=D8-t1Eq-ht0

Y un comic al respecto muy interesante de Rafael Vidal en este enlace de la web del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE):

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/espacio_docente/Comic_Blas_de_Lezo_2014.pdf

Y también se puede visitar esta página interesante de grandes batallas en donde aparece gran parte de la información de la batalla utilizada en este artículo:

http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20cartagena%20de%20Indias.html

 

 

Raúl Villa Caro

En el año 1999 me licencié en Marina Civil (sección Náutica) en la Universidad del País Vasco. En 2001 obtuve el empleo de A.N. del Cuerpo General de la Armada y en 2005 la patente del Cuerpo de Ingenieros de la Armada. En el año 2001 obtengo el título de Ingeniero Técnico Naval (Estructuras Marinas) en la Universidad de A Coruña y posteriormente el título de Ingeniero Naval y Oceánico y el Diploma de Estudios Avanzados. En 2003 obtuve el título profesional de Capitán de la Marina Mercante. Desde Octubre de 2010 estoy contratado por parte de la UDC como profesor asociado. Actualmente además de realizar tareas de investigación en el Grupo Integrado de Ingeniería, y desde octubre 2010, imparto docencia en la Escuela Politécnica Superior (Grado y Máster en Ingeniería Naval y Oceánica). Mi actividad principal, fuera de la UDC, se desarrolla en la Ingeniería de Construcciones de Buques (Arsenal de Ferrol) como Jefe de la Ingeniería de Plataforma. Desde abril de 2012 hasta diciembre de 2013 fui Secretario de la Delegación Territorial en Galicia del COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS NAVALES, y desde enero 2013 soy Secretario de EXPONAV (Fundación para el Fomento del Conocimiento de la Construcción Naval y de las Actividades Marítimas).En 2015 obtuve el título de Doctor por la Universidad de A Coruña.

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