“CENTENARIO” del hundimiento DEL «PRÍNCIPE DE ASTURIAS», el «TITANIC» español

Aunque la mayoría estaremos pensando en un portaviones, en marzo de 1916, el rey Alfonso XIII comunicó a Antonio Martínez Pinillos, dueño de la naviera Pinillos (propietaria de los vapores más avanzados de la época, entre ellos el Príncipe de Asturias), que la reina y él estaban profundamente conmovidos por la triste noticia de un naufragio. En él fallecieron 452 personas, y por ello aquel buque naufragado pasó a la historia con el apodo del “Titanic español”.

foto 1

Tal como informó ABC hace un siglo, el Príncipe de Asturias fue botado el 30 de abril de 1914 en Glasgow (Reino Unido). Era un buque de gran tamaño, aunque no llegaba a alcanzar al Titanic. «Tenía hermosísimos y lujosos salones de música y de fumar, con una bien surtida biblioteca, camarotes de lujo compuestos de salas, dormitorios, cuarto de baño, tocador… El viaje en uno de estos camarotes desde cualquier punto de España hasta Buenos Aires costaba 3.000 pesetas más impuestos», afirmaba este diario días después de la tragedia. Contaba además con una tecnología bastante avanzada para la época mediante la que se pretendía evitar un desastre como el de su predecesor.

El ‘Príncipe de Asturias’ era el barco más lujoso de la época, junto a su gemelo, el ‘Infanta Isabel’. Tenía una capacidad para 1.900 pasajeros, una cifra que reflejaba las dos realidades de la época, porque 150 viajaban en primera clase y hasta 1.500 en la bodega, en su mayoría emigrantes, que acababan durmiendo en la cubierta cuando atravesaban latitudes tropicales. Estos navíos contaban con compartimentos estancos, que podían quedar sellados en caso de que se abriera una vía de agua en el casco. Una tecnología que, según los armadores de la época, lo hacía insumergible. Su hundimiento fue la segunda mayor tragedia de la Marina Mercante Española, después del naufragio del Valbanera en 1919.

foto 2

El 19 de febrero de 1916, el Príncipe de Asturias salió del puerto de Barcelona y, apenas unos días después, ya se encontraba a la altura de la costa de Santos (Brasil) cargado con 405 pasajeros y 188 tripulantes. Bajo el mando del capitán José Lotina Abrisqueta, navegaba en demanda de Buenos Aires, donde tenía previsto llegar a puerto el 4 de marzo. Pero un temporal lo evitó. El buque se hundió en menos de cinco minutos. De nada sirvió que algunos buques como el brasileño Vega o el español Patricio Satrústegui trataran de socorrerle. Murieron, según señaló ABC el 8 de marzo, unas 452 personas. Muchas de ellas, hervidas vivas en el agua de las calderas cuando estas estallaron y otras tantas ahogadas.

Por detallar un poco más el hundimiento, este ocurrió de la siguiente forma. En las últimas horas del sábado 4 de marzo, el buque se aproximaba al puerto de Santos en la costa de Brasil, pero la climatología hizo imposible que entrase en puerto, por lo que capeó el temporal, próximo a la costa. En la madrugada del domingo 5 de marzo, el buque se encontraba al norte de la isla de Búzios. Era una noche de mucha niebla y fuertes vientos. Debido a las condiciones climatológicas adversas y las fuertes corrientes, el buque se hallaba fuera de rumbo y cerca de la costa, pero cuando se percataron, fue tarde. A las 4:15 de la mañana, el vapor se metió en los arrecifes de Punta Pirabura, rajando su casco a la altura de la cámara de máquinas. La vía de agua originó una fuerte explosión que hundió al buque. Antes de ello el vapor se escoró violentamente a estribor y se aproó impidiendo que se lanzaran los botes salvavidas, si bien el bote Nº 1 fue parcialmente arriado. Con el fallo de las calderas se interrumpió el suministro eléctrico, por lo que el radiotelegrafista, Francisco Cotanda no pudo enviar señal de socorro. A las 4:20 de la mañana una última explosión hundió finalmente el barco. Como he comentado, la catástrofe ocurrió en tan solo 5 minutos.

En cuanto al pasaje, no existen listas oficiales de pasajeros y tripulación. Tal como señala García Novell, a bordo del buque viajaban casi 600 personas. Gracias a la información de la prensa de la época conocemos la identidad de 411 de ellos. La mayoría del pasaje tenía nacionalidad española o argentina si bien también había pasajeros estadounidenses, peruanos y chilenos. De los 146 supervivientes, 59 eran pasajeros y 87, miembros de la tripulación.

foto 3

Según algunas informaciones el Príncipe de Asturias transportaba 40000 libras esterlinas en oro, 3364 sacas de correo y un automóvil Renault. También transportaba un Monumento a la República también llamado Monumento de los españoles. Se trataba de una construcción espectacular que incluía 20 estatuas y una estatua ecuestre del general argentino José de San Martín. Era un regalo de la comunidad española residente en Argentina a la República Argentina con motivo del Centenario de la Independencia de Argentina de España, declarada en 1810. El proyecto se había concebido en 1908, para estar listo en 1910, para la celebración del Centenario. Finalmente el monumento se inauguró en 1926 con réplicas de las obras perdidas. Las esculturas originales fueron rescatadas en 1991 y están expuestas en Río de Janeiro.

Hace unas semanas el diario ABC destacaba y analizaba en un gráfico las once similitudes entre la tragedia del «Príncipe de Asturias» y la del «Titanic», dos navíos que siguen despertando el interés de las personas.

foto 4

1-Los dos fueron construidos en las Islas Británicas

2-Encargados para devolver la gloria a sus compañías

3-Dos buques de lujo

4-Dos capitanes expertos para dos gigantes

5-Cargamento:

En su último viaje, el «Príncipe de Asturias» tenía en sus bodegas un coche modelo Renault, 20 estatuas de bronce para un monumento encargado por la colonia española en Argentina y «lingotes metálicos», según varios historiadores. El cargamento del «Titanic», por su parte, estaba formado por -entre otras cosas- un coche Renault de 25 caballos, diamantes asegurados por 18.000 libras y tres arcones llenos de antigüedades dirigidas al Museo de Arte de Denver.

6-Las grandes escaleras de primera clase

7-El problema de la visibilidad

Los dos buques se fueron a pique por la mala visibilidad que había en las noches en las que navegaban por el Atlántico. El caso del «Príncipe de Asturias» es el menos conocido.

8-La «contramarcha»:

El capitán Abrisqueta, al ver que su buque se dirigía hacia el desastre, ordenó dirigir el barco todo a babor y, a su vez, dar marcha atrás («atrás toda»). Por su parte, William McMaster Murdoch, a cargo del puente de mando del «Titanic» en el momento del impacto, ordenó virar todo a babor y la «contramarcha» para tratar de evitar la colisión. La maniobra fue exactamente la misma.

9-El impacto

10-El porcentaje de muertos:

A pesar de que ambos naufragios se sucedieron a principios del S. XX, el número exacto de fallecidos que hubo que lamentar en las dos tragedias se desconoce a día de hoy.

 En el caso del «Príncipe de Asturias», las cifras más fiables son las que ofreció el diario ABC el 8 de marzo de 1916 -las cuales provenían del gobierno de la época-. «Llevaba 405 pasajeros y 188 tripulantes. Las últimas noticias que se reciben de Río de Janeiro sobre el naufragio dicen que han perecido 452 personas, en su mayoría de nacionalidad española», explicaba este diario. Usando estas cifras, se puede establecer que el porcentaje de fallecidos es de un 76% sumando tanto a la tripulación como a los pasajeros.

Con todo, no hubo personalidades similares en entidad a las del «Titanic» entre los fallecidos. «No hubo grandes nombres entre las víctimas. El periódico ABC publicó exhaustivas listas de muertos y supervivientes y no hay nadie de mucha fama: muchos emigrantes españoles que abandonaban la patria, algunos compatriotas que regresaban a Argentina tras una visita a España, miembros de adineradas familias sudamericanas o españolas residentes en Buenos Aires y Uruguay, un diplomático norteamericano que se incorporaba a su nuevo destino… Fueron muchos los muertos, muchas las historias truncadas, aunque no se recuerde el nombre de ninguno», determina Jorge Díaz en declaraciones a este diario.

Por su parte, y en pleno 2016, tampoco se sabe exactamente la cantidad de personas que murieron en el trasatlántico «Titanic». En 2012, por ejemplo, el portal de investigaciones genealógicas ancestry.co.uk estableció los fallecidos en 1.517 de un total de 2.228 pasajeros. Por el contrario, las cifras oficiales ofrecida tras el naufragio determinaron que habían muerto 1.490 personas de 2.201.

11-Las teorías «fantásticas» sobre su hundimiento

A pesar de que oficialmente se dijo que la baja visibilidad había sido la culpable del naufragio del «Príncipe de Asturias» , a lo largo de las décadas se han multiplicado las teorías que niegan esta versión. «Hay tesis de todo tipo. Desde las que hablan de la irresponsabilidad del capitán y la tripulación, borrachos por la fiesta de carnaval que se celebraba en los salones del barco -teoría en la que no creo en absoluto-; hasta las que dicen que las estatuas que llevaba el barco para el Monumento de los Españoles de Buenos Aires estaban malditas. Hay quien ha hablado de un ataque de un submarino alemán o un barco inglés por una gran cantidad de oro que supuestamente viajaba en las bodegas, quien comenta que un cargamento de metales habría anulado el funcionamiento de los instrumentos, quien alega que la zona en la que se produjo el naufragio es una especie de Triángulo de las Bermudas… No faltan teorías para todos los gustos.», explica Jorge Díaz a ABC.

Sin embargo, y tras investigar el suceso, el autor es partidario de la versión oficial. «Las hay muy atractivas, pero creo que la solución es la más sencilla: la mala suerte, los errores humanos, la falta de señalización correcta… En la zona de Ilha Bela se habían producido ya algunos naufragios, había un faro en un lugar llamado Ponta do Boi, que era por el que los barcos procedentes de Europa se orientaban, y los capitanes habían solicitado que se instalara otro en Ponta Pirabura, sin ser atendidos. Hacía un día especialmente malo, la visibilidad era escasa y la tormenta hacía poco fiables los instrumentos. El capitán Lotina llevaba un día entero navegando por estima, casi a ciegas, según sus cálculos todavía estaba a ocho millas de la costa, pero estaba a poco más de una. Cuando vio la luz del faro y quiso evitar el impacto ya era tarde», añade el experto.

En el caso del «Titanic» las teorías son igual de variopintas, aunque menos numerosas. Una de las más famosas es la que afirma que la White Star Line hundió su buque a propósito para poder cobrar el gigantesco seguro que tenían contratado. Al parecer, el precio del barco había sido tan elevado que no les salía rentable tenerlo a flote. Otra tesis destacada es la que explica que se declaró un incendio en el interior del navío por culpa del capitán, quien hizo que las calderas fueran a toda máquina para llegar rápidamente a su destino y salir en todas las portadas. Finalmente, la idea («cospiranoica») más aceptada es que fue destruido por un submarino alemán.

¡Hasta dentro de dos semanas!

Raúl Villa Caro

En el año 1999 me licencié en Marina Civil (sección Náutica) en la Universidad del País Vasco. En 2001 obtuve el empleo de A.N. del Cuerpo General de la Armada y en 2005 la patente del Cuerpo de Ingenieros de la Armada. En el año 2001 obtengo el título de Ingeniero Técnico Naval (Estructuras Marinas) en la Universidad de A Coruña y posteriormente el título de Ingeniero Naval y Oceánico y el Diploma de Estudios Avanzados. En 2003 obtuve el título profesional de Capitán de la Marina Mercante. Desde Octubre de 2010 estoy contratado por parte de la UDC como profesor asociado. Actualmente además de realizar tareas de investigación en el Grupo Integrado de Ingeniería, y desde octubre 2010, imparto docencia en la Escuela Politécnica Superior (Grado y Máster en Ingeniería Naval y Oceánica). Mi actividad principal, fuera de la UDC, se desarrolla en la Ingeniería de Construcciones de Buques (Arsenal de Ferrol) como Jefe de la Ingeniería de Plataforma. Desde abril de 2012 hasta diciembre de 2013 fui Secretario de la Delegación Territorial en Galicia del COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS NAVALES, y desde enero 2013 soy Secretario de EXPONAV (Fundación para el Fomento del Conocimiento de la Construcción Naval y de las Actividades Marítimas).En 2015 obtuve el título de Doctor por la Universidad de A Coruña.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *