Evolución de la “COMIDA” en los buques: del “PAN DE BARCO” al “DONUT”

Figura 1: Comida a bordo (Fuente: Armada Española)
Figura 1: Comida a bordo (Fuente: Armada Española)

Entrevista Cope + Galicia del 28/02/22 a las 1310h:

El convenio internacional sobre el trabajo marítimo de 2006 garantiza la protección de los derechos de la gente de mar en lo referente a las condiciones de vida exigibles en los buques. Dentro de esos derechos se debe destacar la importancia de la alimentación y de la existencia de una buena nutrición. La comida es un elemento crucial para el mantenimiento de la salud y la moral de la tripulación ya que, sin la existencia de una alimentación sana, nutritiva y apetitosa, la gente de mar no estará en condiciones de ejercer sus tareas con éxito y eficacia. Por lo tanto, y aunque pueda parecer un tema muy elemental, la alimentación se convierte en un factor básico que se debe tener en cuenta en el momento de planificar una navegación. Lo fue en el pasado cuando el pan de barco, concretamente el bizcocho o la galleta, eran los protagonistas por excelencia de las travesías (junto al agua, eso sí), y lo siguió siendo cuando llegó la panificación a bordo. En otro orden de cosas, y dentro del protagonismo de ciertos navegantes al respecto de la alimentación, se debe destacar a un marinero estadounidense que no era consciente de la fama que obtendría en el futuro cuando a mediados del siglo XIX decidió realizar un orificio en el centro de un boyo dulce, para cocinarlo mejor, creando de esta manera el mundialmente famoso “donut”.

Figura 1: Comida a bordo (Fuente: Armada Española)
Figura 1: Comida a bordo (Fuente: Armada Española)

Introducción:

Si se tuviera que resaltar cuál es el principal tema tradicional de debate al que nos enfrentamos en el día a día, seguramente el futbolístico sea el que acapare más tertulias de bar. Pero en el caso del personal embarcado suele existir otro que le supera, y no es otro que el tema de la comida. Comentarios sobre si esta es repetitiva, o si se encuentra fría, pasada, mal cocinada, etcétera; se convierten en conversaciones que suelen ser, nunca mejor dicho, el pan nuestro de cada día a bordo de los buques. Aunque eso sí, en este caso los cocineros, al poseer una clientela “cautiva”, no suelen estar tan preocupados por las críticas como lo podrían estar, por ejemplo, si estuvieran trabajando en restaurantes en tierra firme.

Esto nos lleva a destacar la importancia que tiene a bordo el que existan unas normas claras para la formación de los cocineros. Por ello en septiembre de 2013 se adoptaron unas pautas internacionales en una reunión compuesta por expertos de distintos gobiernos, organizaciones de armadores y gentes de mar. Fruto de aquella reunión en marzo de 2014, en el seno de la OIT, se autorizó la publicación de las citadas pautas, que se crearon con el fin de poder ofrecer asistencia técnica a los gobiernos en la elaboración de sus respectivas directrices nacionales al respecto.

En virtud de ellas, todos los Estados deben velar por que los buques que enarbolen su pabellón dispongan de agua potable de calidad, y alimentos suficientes con el valor nutritivo apropiado para cubrir adecuadamente las necesidades del buque. Además, esta comida debe proporcionarse de manera gratuita al personal embarcado. Todo lo expuesto con anterioridad nos indica que todo marino que sea contratado como cocinero deberá poseer la formación, titulación y las cualificaciones exigidas para ejercer esa función a bordo, y entre estas últimas, la de haber navegado el período mínimo exigido para poder ejercer sus funciones.

Como ya se ha indicado, las provisiones de víveres y agua potable deberían ser adecuadas en cuanto a su cantidad, calidad y variedad, para la duración y naturaleza del viaje, teniendo en cuenta tanto el número de tripulantes existentes, como sus costumbres y prácticas culturales y religiosas. En los viajes largos se utilizan diversos sistemas de compra de víveres, por lo que el buque debe disponer de suficiente capacidad de almacenaje en gambuzas, congeladores, refrigeradores y despensas para que se puedan colocar las provisiones sin poner en peligro su calidad. Esta es una de las responsabilidades de los diseñadores de los barcos, para asegurar el mínimo de autonomía pactado en el buque.

El armador y el capitán deben conocer los recursos que son necesarios para que el cocinero del buque pueda cumplir con sus obligaciones, garantizando, por ejemplo, que trabajen al menos en la cocina el número mínimo de personas necesarias.

La alimentación en los tiempos de las galeras:

Las comidas de aquella época estaban basadas en el llamado “bizcocho”. Se trataba de una torta de harina de trigo que se pasaba dos veces por el horno para darle mayor dureza y que pudiera resistir mejor el paso del tiempo. Este bizcocho se acompañaba con un potaje, por lo general de garbanzos o habas, o bien con un guiso de arroz. Cuando los remeros enfermaban se les solía alimentar mejor para que pudieran realizar su trabajo de una manera óptima. En 1607 se hablaba de dietas de remeros enfermos compuestas de carne fresca, gallinas, pollos, huevos, pasas, almendras y conservas.

La ración de vino era de un litro por cabeza, cantidad que hoy en día parece excesiva, pero es que en aquella época la ración de vino era para los embarcados tan importante como su paga. De hecho, su escasez solía provocar problemas graves.

Por lo tanto, estamos hablando de un alimento algo duro, nada dulce y bastante difícil de comer si no fuera con la ayuda de agua o vino. Se podría decir que era un elemento básico en la alimentación, poco fermentado, que se cocía por segunda vez para eliminar la humedad y evitar que se descompusiese y de esta forma lograr que durase más tiempo. Una vez elaborado, se le daba una forma muy peculiar, consistente en láminas redondeadas para su fácil almacenamiento, razón por la que se le denominó galleta o bizcocho. En ocasiones, estaba tan duro que aun mojándolo en vino solo lo podían tomar los más jóvenes con buena dentadura. En este sentido, se podría destacar un hecho insólito, protagonizado por Gonzalo de las Casas quien, una vez finalizado el plazo que le correspondía por ley para permanecer en la Península, y cuando debía obligatoriamente volver a Nueva España, alegó no poder realizar el largo viaje que le esperaba por estar desdentado y no poder comer bizcocho.

En aquella época la dotación veía cómo sus galletas eran también comidas por ratas y gusanos. Curiosamente, según Bartolomé Cánovas, los marineros bromeaban con esta situación y llamaban “boteros” a los gusanos, ya que la galleta se asemejaba a un bote y los gusanos eran sus tripulantes. Para evitar en parte que estas larvas llegasen al producto, a veces se ponía un pescado muerto sobre un recipiente, con lo que los gusanos iban primero al pescado. De hecho, en las narraciones del italiano Pigafetta, quien fuera cronista en el primer viaje de circunnavegación de Magallanes y Elcano, se dejó constancia de lo siguiente: “Las galletas que comían no eran ya pan, sino una especie de polvo mezclado con gusanos que habían devorado toda la sustancia y con un olor insoportable debido a los orines de las ratas”. E incluso llegaron a hacer las comidas solo por las noches para que no se vieran los gusanos.

A este respecto, tal como indica Juan Oliveira, las Reales Fábricas de Bizcocho de Neda produjeron durante el siglo XVII el principal alimento de la marinería y la tropa embarcada en la ría de Ferrol. El pan de barco o galleta marinera, generó una importante industria del pan, que ha sobrevivido hasta nuestros días. Estas fábricas de bizcocho de Neda, junto al puerto de Ferrol, produjeron pan de barco durante casi un siglo, lo que sirvió de base para el desarrollo de toda una potente industria del pan en la villa, que se tradujo en la creación de generaciones de panaderos. Una de las claves de la calidad del pan de Neda, cómo se descubrió siglos después, reside en la composición química del agua utilizada, procedente del río Belelle, extremadamente pura y que hace que el pan destaque por su gran blancura.

Aunque las Fábricas desaparecieron a principios del siglo XVIII, y el único resto que queda es un fragmento de escudo real expuesto hoy en día en la plaza inmediata al Concello, la industria del pan se quedó para siempre en Neda. Como muestra, la Festa do Pan que se celebra el primer domingo de septiembre desde 1989, en la que se promocionan los productos de las panaderías de la villa y se realizan diferentes actividades en torno a la elaboración artesanal del pan. El pan de barco dejó de producirse al ser sustituido por las conservas a mediados del siglo XIX.

Figura 2: Real fábrica de biscoito de Neda en 1639 (Carlos Paz / CIAG – Fuente: Alfredo Vigo Trasancos, Cat. Hist. USC/HAAYDU), Arq. Desvanecidas – Rexistro @SafeCreative2021)
Figura 2: Real fábrica de biscoito de Neda en 1639 (Carlos Paz / CIAG – Fuente: Alfredo Vigo Trasancos, Cat. Hist. USC/HAAYDU), Arq. Desvanecidas – Rexistro @SafeCreative2021)

Cualificación actual de los cocineros en los buques:

En la regla 3.2 del Convenio sobre el trabajo marítimo de 2006, se establecen los requisitos relativos a la formación y cualificación que se debe exigir a los cocineros de los buques. Estas pautas tienen por finalidad proporcionar información práctica y orientaciones complementarias a los Estados para contribuir a asegurar que los cocineros de los buques tengan las competencias profesionales y la experiencia mínima necesaria para desempeñar su labor a bordo. En ellas se exponen los requisitos mínimos, la distribución de responsabilidades y obligaciones, y las competencias que deben poseer los cocineros marinos.

Y para que ellos puedan efectuar su trabajo de manera adecuada, las cocinas y las despensas deben estar configuradas y diseñadas de manera que permitan mantener el orden y las condiciones de higiene, mediante fácil acceso a los productos y alimentos. Lo que implica que debe existir espacio suficiente de trabajo, en encimeras, por ejemplo, para que el uso de maquinaria, equipos y materiales no entrañe ningún peligro.

Según las pautas establecidas, los cocineros deben poseer capacidades para preparar una serie de platos, y entre ellos: bufés fríos, platos calientes y fríos, recetas con huevo, almuerzos, sopas (en particular caldos básicos), salsas, diferentes tipos de arroz, fideos y platos con pasta, pescado, carne y aves, guarniciones y acompañamientos, hortalizas, postres, y pan fresco.

Figura 3: Cocina de acero inoxidable en buque (Fuente: Frigoríficos Cantabria)
Figura 3: Cocina de acero inoxidable en buque (Fuente: Frigoríficos Cantabria)

Presentación y servicio de las comidas:

Las comidas se pueden servir y presentar de muchas maneras diferentes. Por lo general, los métodos de presentación y servicio de los alimentos dependen de las tradiciones culturales o religiosas. Para la mayoría de las personas la comida es una gran ocasión de reunión social; por lo tanto, es importante que el cocinero del buque sepa cuáles son las necesidades de la gente de mar. Hace no mucho tiempo, Mercedes Marrero, la que fuera primera mujer española en obtener el título de capitán de la Marina Mercante, rememoraba que en los barcos se acordaba de que era domingo, cuando veía la paella cocinada.

El bufé es la forma más corriente de servir la comida a bordo de los buques. La presentación de una comida, su color, olor y sabor tienen un gran impacto en los comensales. Tanto la temperatura de servicio de la comida, como su presentación, son factores que tienen mucho peso en la manera de apreciar los manjares por parte de los comensales. Por consiguiente, el cocinero del buque debe conocer los principios fundamentales de la presentación y servicio de la comida.

Además, el cocinero del buque también debe ser capaz de adaptar la planificación de los menús durante el viaje a las circunstancias imprevistas que puedan acaecer, y que desgraciadamente se suelen producir. A bordo de un buque se plantean retos especiales, y entre ellos destaca el de la mala mar. Con mal tiempo a veces resulta muy difícil preparar los menús, o al menos cocinarlos tal como estaban previstos. Pero a pesar de los infortunios, la seguridad siempre debe ser lo primero, por lo que a menudo será necesario apartarse de los menús planificados, para hacer frente a los retos de los viajes largos. Una planificación correcta de los menús de la navegación prevista, y el aprovisionamiento adecuado antes de iniciar el viaje, serán dos factores claves para obtener el éxito de la misión. En referencia a la mar gruesa, el cocinero debe estar familiarizado con los procedimientos necesarios que se deben llevar a cabo para aumentar el nivel de seguridad en la cocina (uso de barras de protección, cacerolas de bordes altos, etcétera).

Figura 4: Plato de calamares a bordo del “Serra de Outes” (Fuente: Lupe Álvarez)
Figura 4: Plato de calamares a bordo del “Serra de Outes” (Fuente: Lupe Álvarez)

Además, los alimentos pueden causar enfermedades, por lo que es importante que el cocinero del buque conozca las causas más comunes de contaminación provocada por objetos materiales, sustancias químicas y microorganismos. En la cocina, los problemas más graves suelen producirse por la aparición de microorganismos y virus. Por ello, y para garantizar una buena higiene, se precisan conocimientos básicos acerca de su posible transmisión a los alimentos, y se deben conocer los procedimientos para mantener las provisiones en buen estado.

El cocinero del buque debe saber cuáles son los alimentos de mayor riesgo, ya que los microorganismos se propagan con facilidad a otros alimentos cuando no se aplican correctamente los procesos de trabajo. Por lo tanto, todos los cocineros marinos deben cumplir los procedimientos aplicables en materia de seguridad alimentaria, incluso cuando trabajen bajo la presión que a veces representan los trabajos en la mar.

¿Por qué los “donuts” tienen un agujero en el centro?:

Parece ser que, durante aproximadamente doscientos años, los donuts carecieron de un agujero en el centro. Este bollo de pasta frita nació en Holanda en el siglo XVII, aunque en la Grecia Antigua ya eran muy aficionados a una masa muy similar a la del donut, horneada más que frita, y que se asemejaba a la empanada. El desembarco del “donuts” en Estados Unidos se debió a los colonos y emigrantes, quienes lo denominaban «dought nut», nombre que se traduciría como “pasta de nueces”.

Figura 5: Figura de un marinero, junto a un donut
Figura 5: Figura de un marinero, junto a un donut (Fuente: The new daily)

En la actualidad tanto los donuts como las rosquillas se caracterizan por su delicioso sabor y por tener un agujero en el centro. Pero ¿por qué tienen ese agujero? Una de las teorías que responde a este interrogante se remonta a 1847, cuando un marino estadounidense con apenas quince años llamado Hanson Gregory, estando a bordo de un barco y cansado de que los bollos elaborados por su madre quedaran mal cocinados por dentro, tuvo una gran idea. Según cuenta la historia, aunque el exterior de los donuts de Gregory estaba muy crujiente, no ocurría lo mismo en el centro, donde siempre le quedaba la masa cruda. Y fue por eso por lo que el marino pensó que, agujereándolos en el medio, podría conseguir que el centro quedara igual de bien cocinado. Esta “artimaña” además evitaba que, para cocinar completamente el interior de la masa, el donut tuviera que estar un tiempo excesivo en el aceite.

Figura 6: Lápida del capitán Hanson Gregory en su pueblo natal
Figura 6: Lápida del capitán Hanson Gregory en su pueblo natal

Finalmente, ese agujero realizado con la tapa de un bote de pimienta, que permitió que la masa del donut se cocinara de manera uniforme, le sirvió al bueno del capitán Hanson Gregory para que varias placas en su pueblo natal de Camden, junto a Rockport, en el condado de Maine, recuerden su gesta desde 100 años después de su ocurrencia, hasta nuestros días. Ambas placas, una junto a su lecho de muerte, le recuerdan como el inventor de aquel orificio, en el año 1847.

Figura 7: Paca conmemoración del 100 aniversario del descubrimiento del donut
Figura 7: Paca conmemoración del 100 aniversario del descubrimiento del donut (Fuente: thetravel.com)

La comida en un buque de guerra:

Como en cualquier barco, la calidad de la comida en un buque de guerra es fundamental para el bienestar y el ánimo de la dotación, lo que obviamente afectará en el éxito de la misión. En una jornada de rutina diaria, tal como ellos mismos han declarado en algunos medios, el trabajo de los cocineros suele comenzar a las 06:00 de la mañana, momento en que uno de ellos se encarga de la preparación del desayuno para el personal entrante o saliente de vigilancia. A partir de ese instante continúan con una intensa rutina, donde uno se encarga de la elaboración de los bocadillos de media mañana, mientras el resto comienzan la elaboración de las comidas del día.

Es importante destacar que aparte de la actividad relacionada con la cocina, todos los cocineros de la Armada tienen otras funciones en el día a día del buque, por lo que pueden tener que participar desde en tareas de rescatador en operaciones de vuelo, hasta en las típicas faenas marineras del buque.

Otra característica que poseen estos profesionales consiste en tener que organizar comidas protocolarias tanto para autoridades civiles como militares. En esas ocasiones se exigen los altos conocimientos de hostelería que poseen, para que los visitantes se vayan con “buen sabor de boca”. Por cierto, en el pasado se utilizaban platos diferentes dependiendo de la categoría militar de cada comensal, pero hoy en día, por comunalidad, se ha normalizado el mismo tipo de plato para toda la dotación.

Figura 8: Apetitoso plato de calamares (Fuente: Armada Española)
Figura 8: Apetitoso plato de calamares (Fuente: Armada Española)

Además, también están las tareas de limpieza de la cocina y de las zonas comunes, donde la totalidad del personal a bordo colabora en las limpiezas. Su tiempo de descanso oscila entre las 15:00 y las 17:30 horas, intervalo de tiempo que aprovechan para ir al gimnasio o relajarse en las camaretas junto con otros compañeros, aunque eso sí, si no se toca “zafarrancho de vuelo”, y deben abandonar el descanso, para ataviarse de rescatadores, por ejemplo.

En cualquier caso, estas misiones variarán dependiendo del tipo de buque, ya que no todos son iguales. Hay mucha diferencia en la vida de un cocinero, dependiendo de si se encuentra embarcado en un patrullero, una fragata, o el portaaeronaves Juan Carlos I.

Figura 9: Comida de “domingo” en pruebas de mar del BPE Juan Carlos I
Figura 9: Comida de “domingo” en pruebas de mar del BPE Juan Carlos I

Inspección de las cocinas, equipos y despensas: el problema de la conservación de los víveres

La putrefacción ocurre cuando las frutas y verduras maduran y comienzan a descomponerse. Las bacterias y los hongos descomponen los alimentos y a menudo producen toxinas que pueden derivar en una intoxicación, y que además provocan un olor y un sabor desagradable. Hace más de mil años, los vikingos secaban el pescado y la carne para sus viajes en alta mar. Posteriormente, en el mundo a vela, el método de salazón extraía el agua de las células vivas de la carne, deshidrataba las bacterias, y la mantenía comestible durante meses. Aun así, aparecieron problemas como el del escorbuto, una enfermedad degenerativa causada por la falta de vitamina C, que causó la muerte millones de personas entre los años 1500 y 1800.

Hoy en día, la era industrial ha permitido que existan otros métodos de conservación de los alimentos como el enlatado, los alimentos refrigerados y congelados que han posibilitado la preservación de productos en cualquier lugar, incluso en los barcos. Pero todavía persisten algunos problemas, que tienen que ser frenados o controlados.

El convenio antes citado de OIT de 2006, cuyas pautas se introdujeron en 2013, indica que el capitán debe realizar inspecciones en los equipos que se utilicen para la manipulación de los víveres y agua potable, por lo que deberá establecer procedimientos para que se lleven a cabo tales inspecciones, y en caso de aparecer alguna deficiencia, se subsane. Estas inspecciones se deben llevar a cabo mediante un examen visual, pero verificando que los equipos puedan ser usados con seguridad. Por lo tanto, es muy importante que exista comunicación constante entre capitán y cocinero.

Además, es importante que el cocinero del buque sepa proteger los productos alimenticios contra la contaminación, eliminando las condiciones que, como la humedad y el calor, propician dicha contaminación. También es muy importante que sepa mantener la cadena de frío, controlando las temperaturas, y registrando y regulando sus fluctuaciones. Y por supuesto es igual de importante que sepa cómo destruir las posibles bacterias presentes en los alimentos, cocinando o recalentando los mismos a las temperaturas necesarias.

Figura 10: Cocina del BPE Juan Carlos I
Figura 10: Cocina del BPE Juan Carlos I

Conclusiones:

Uno de los grandes retos que se plantean en el diseño de un buque, con independencia del tipo de barco que sea, es el de disponer de una cocina con la capacidad suficiente para atender las necesidades de la tripulación y que, a su vez, sea higiénica y también segura para las personas que trabajen en ella.

Y una vez que se disponga de esa instalación, es muy importante que esté dotada de todos los medios necesarios para que no se rompa la cadena de frío, y los alimentos mantengan sus capacidades y propiedades.

Pero todo esto no será suficiente, si los cocineros de a bordo no están preparados para explotar las potencialidades de estas cocinas, por lo que la formación de los cocineros marinos será la clave del éxito de la navegación. Las pautas sobre la formación de los cocineros de los buques, dictadas por la “Organización Internacional del trabajo (OIT)”, marcan la ruta a seguir para alcanzar el ansiado éxito.

Referencias bibliográficas:

CÁNOVAS B. (2021), ¡Y todavía nos quejamos del pan a bordo!, Revista General de Marina, Madrid.

OIT (2014), Pautas sobre la formación de los cocineros de los buques, Ginebra.

OLIVEIRA J. (2021), El pan de barco y las Reales Fábricas de Bizcocho de Neda del siglo XVII, Blog Va de barcos, Ferrol.

Raúl Villa Caro

En el año 1999 me licencié en Marina Civil (sección Náutica) en la Universidad del País Vasco. En 2001 obtuve el empleo de A.N. del Cuerpo General de la Armada y en 2005 la patente del Cuerpo de Ingenieros de la Armada. En el año 2001 obtengo el título de Ingeniero Técnico Naval (Estructuras Marinas) en la Universidad de A Coruña y posteriormente el título de Ingeniero Naval y Oceánico y el Diploma de Estudios Avanzados. En 2003 obtuve el título profesional de Capitán de la Marina Mercante. Desde Octubre de 2010 estoy contratado por parte de la UDC como profesor asociado. Actualmente además de realizar tareas de investigación en el Grupo Integrado de Ingeniería, y desde octubre 2010, imparto docencia en la Escuela Politécnica Superior (Grado y Máster en Ingeniería Naval y Oceánica). Mi actividad principal, fuera de la UDC, se desarrolla en la Ingeniería de Construcciones de Buques (Arsenal de Ferrol) como Jefe de la Ingeniería de Plataforma. Desde abril de 2012 hasta diciembre de 2013 fui Secretario de la Delegación Territorial en Galicia del COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS NAVALES, y desde enero 2013 soy Secretario de EXPONAV (Fundación para el Fomento del Conocimiento de la Construcción Naval y de las Actividades Marítimas).En 2015 obtuve el título de Doctor por la Universidad de A Coruña.

13 Responses

  1. José Manuel Curto López dice:

    Muy bueno Raúl ,como siempre. Un abrazo

  2. Diego R. Gosende dice:

    Excelente articulo, Raul.
    Cualquiera que haya navegado conoce la importancia de una buena alimentación y de llevarse bien con el personal de cocina.
    Este articulo me recuerda porque la entrega del espacio y equipos de cocina suele involucrar una escrupulosa inspección por el futuro capitán de un barco en construcción

  3. Andres joven rivero dice:

    Buenas Noches Raul:
    Gracias por el articulo. Muy interesante. Efectivamente en los barcos donde la comida es buena y sana todo va bien. La tripulación es feliz y todo el mundo está contento. Durante los 14 años que navegue, la comida fue buena, salvo algún barco donde el cocinero era un desastre y en el próximo puerto fue despedido.
    Recuerdo al Urquiola, donde entre semana el vino era un Castillo de San asensio, y los domingos Marqués de Riscal.
    También recuerdo un barco químico » M.P. Grace» de bandera Liberiana donde el cocinero había navegado en buques de pasaje de Salsero, y hacia unos platos delicatessen. No me puedo quejar. Gracias Raúl por tus artículos.

    Recibe un abrazo desde el Bajo Aragon.

    Andres

  4. Juanma Díaz Vidal dice:

    Interesante artículo en donde me permites conocer cosas como el nacimiento de la celebración de la fiesta del pan de Neda, que desconocía que fuera en esa fecha y, por supuesto no sabía la historia del nacimiento del tan apreciado Donut.
    Fuera de esto, coincido plenamente que es un elemento importante tanto para los Buques ya sean de guerra o no y, tambíen es cierto que es muy recurrente escuchar críticas en torno a la cocina y a la comida tan recurrentes como por ejemplo: si está mejor o peor hecha, sí se quemó el arroz, etc,etc., pero lo que está claro es que la gente que gobierne las cocinas de los buques tiene que estar preparada y yo creo que ahora mismo si que lo están.
    En el caso de la Armada afortunadamente existe la Escuela de Hostelería en la ESENGRA en donde tienen la suerte de tener un elenco de docentes impresionantes tanto a nivel militar como también civil, me acuerdo ahora de una docente como Beatriz Sotelo que cuando estaba en la Escuela de profesora civil regentaba el Restaurante «La Estación» en Cambre local que tenía entonces una estrella Michelin, y allí estaba ella en la Escuela aportando su granito de arena para hacer todavía mejores a los alumnos hosteleros.
    Pero como los que ya somos mayores y tuvimos la suerte de estar en el Príncipe de Asturias en su tiempo, contaré entonces que allá por el 1989 la Armada no disponía de militares con la especialidad de Hostelería, se nutría de personal laboral para sus cocinas, aquellos llamados Maestros de Cocina y de marineros de reemplazo que hacían labores de cocinero, bien porque tenían experiencia de la calle, o bien porque les tocaba sin mas, aun recuerdo en la panadería pequeña que tenía el Príncipe de Asturias que había destinado un Marinero, panadero profesional en la calle, y durante su estancia en el barco tuvo la oportunidad de dejar la impronta de sus conocimientos, y todo el mundo estaba encantando con el. Era un lujo disponer de esta persona allí.
    En definitiva, gracias Raul por tu aportación en este árticulo.
    Un saludo.

  5. Angel Anidos dice:

    Como siempre un amplio e interesante comentario sobre un tema marítimo, poco conocido, como es la evolución de la comida y su importancia a bordo. Además de la imprescindible labor del personal de cocina.
    Sin olvidar el origen del famoso pan de Neda en nuestra Ría, o el de los, hoy, famosos Donuts.
    Enhorabuena
    Un cordial saludo

  6. Manuel OfTheBridge dice:

    Raul,
    Creo que es de las historias que más me han atrapado. Es un placer leerte. Solo he echado en falta hablar de la comida en los submarinos… pero eso será otra historia para otro momento. Quizá con unas concas de la casa y un raxo…
    Un abrazo.

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