Un “MAL” a bordo de los buques: la “MAMPARITIS”

Figura 4: Simulación de un camarote triple de una fragata moderna en EXPONAV
Figura 4: Simulación de un camarote triple de una fragata moderna en EXPONAV

Entrevista Cope+Galicia miércoles 15/04/20 a las 1310 h:

Mamparitis

Entrevista Cope+Galicia martes 26/03/20 a las 1240 h:

Confinamiento

Si acudimos a la RAE, nos define el “mamparo” como un término marítimo utilizado para denominar a las planchas de hierro con que se divide en compartimentos el interior de un barco. Con esta definición ya nos podemos imaginar que los mamparos son como las “paredes” de un barco, explicándolo de una forma coloquial. Sin embargo, y aunque no me gusta usar términos que no aparecen en el diccionario de la RAE, me gustaría destacar que existe un mal a bordo de los buques, que casi todo marino ha padecido, y que se conoce coloquialmente con el nombre de “mamparitis”. Este fenómeno, más cercano a un estado de ánimo que a una enfermedad, se produce como resultado de tener que trabajar, vivir y convivir en un espacio reducido y confinado, el buque, durante un intervalo de tiempo muy prolongado.

Figura 4: Simulación de un camarote triple de una fragata moderna en EXPONAV
Figura 1: Simulación de un camarote triple de una fragata moderna en EXPONAV

INTRODUCCIÓN:

El mal de la “mamparitis” es un fenómeno que no existe oficialmente con ese nombre, pero que todo marino conoce, y que se produce como resultado de estar varios meses embarcado sin ver tierra. Entre las razones que ayudan al nacimiento de este fenómeno indeseable, que puede convertir en un ser irascible al más tranquilo de los humanos, se pueden encontrar algunas de las siguientes causas:

  • Confinamiento y aislamiento a bordo.
  • Convivencia con escasas personas, y a veces de múltiples nacionalidades.
  • Miedo a los accidentes y a las enfermedades (salvo excepciones, no existen médicos a bordo).
  • Exceso de trabajo por existencia de tripulaciones reducidas.
  • Instalaciones portuarias avanzadas (que cada vez “dificultan” más el que los marinos puedan desembarcar y pisar el muelle de los puertos).
  • El contrato (ya que a veces no se sabe con certeza cuando se va a desembarcar, ni dónde).
  • Extensiones del tiempo de campaña (anunciadas en el último momento).
  • Condiciones meteorológicas adversas (temporales, mar gruesa, etcétera).
  • Problemas familiares (ante los que poco se puede hacer desde la distancia).
  • Averías a bordo que empeoren la calidad de vida (por ejemplo, una avería del aire acondicionado en una zona de navegación con temperaturas extremas).

El periodo de embarque de los marinos, se ha reducido respecto a lo que era antiguamente, pero todavía supone un intervalo de tiempo que generalmente suele superar los tres meses. Ante estos periodos tan largos, una superado el ecuador del embarque, puede aparecer el temido mal que nos vuelve seres irascibles ante situaciones en las cuales, en otro momento de la vida, o con anterioridad en ese mismo embarque, se hubiera actuado de manera diferente. Entre los síntomas de la aparición de la “mamparitis”, que obviamente dependerán de cada persona, se podrían destacar los siguientes: negatividad, ansiedad, actuaciones depresivas, agresividad o incluso estados de ira. En general aparecerán una serie de factores conflictivos, que, en otros momentos no se hubieran manifestado de una manera tan virulenta. A veces estos compartimientos incluso se acentúan según se va acercando la ansiada fecha del desembarque.

En cualquier caso, los resultados negativos de este fenómeno, se han modificado a lo largo de los años, de la misma manera que ha avanzado el transporte marítimo. Obviamente los periodos de embarque son muy diferentes a los que vivieron Magallanes y Elcano hace 500 años, pero, aun así, si preguntamos a marinos vivos sobre sus experiencias, muy diferentes serán las respuestas de los octogenarios, respecto a las de los marinos actuales.

La principal diferencia radica en los tiempos de los periodos de embarque. Recuerdo que, en los tiempos de mi padre, embarcaban once meses al año, y descansaban uno de vacaciones. De aquella “crueldad” se fue mejorando a unos periodos de embarque más razonables, en los que a fecha actual lo normal es embarcar unos cuatro meses, aunque como siempre, existen excepciones.

Evidentemente la vida a bordo de los buques, es muy diferente dependiendo del tipo de barco, y de las condiciones en que en ellos se navegue. Esto hará que las opiniones de las personas sean muy diferentes dependiendo de la categoría del encuestado, del tipo de contrato que tenga, del tipo de buque (y compañía) en el que navegue, y del tipo de navegaciones que realice. ¿Por qué afecta esto? Pues porque esto nos supondrá que podamos saber con anticipación detalles tan importantes como cuánto tiempo durará el embarque, en qué fecha y lugar desembarcaremos, quién será nuestro relevo, o cuánto tiempo tendremos de vacaciones hasta el siguiente embarque.

Otro gran problema a bordo, es el llevarse mal con otra persona embarcada. Hay que pensar que probablemente se tenga que desayunar, comer y cenar con ella, por lo que lo mejor será intentar llevarse bien con todo el personal a bordo. Aunque por otro lado también es verdad que a veces, con tantas horas de guardia (de ocho a doce diarias), y con tan poca tripulación, puede que hasta sea difícil el poder relacionarse con el resto de personal embarcado, en el caso de los grandes buques. Hay casos de tripulantes, que aun estando en el mismo buque, pueden estar muchísimos días sin verse, por estar en guardias diferentes, y trabajar en zonas diferentes del barco.

Figura 5: Simulación de un aseo de una fragata moderna en EXPONAV
Figura 2: Simulación de un aseo de una fragata moderna en EXPONAV

LA SOLEDAD DEL MARINO:

El tema de la soledad varía mucho con las personas y con los distintos tipos de buques. Existen marinos que llevan muy mal el confinamiento, y lo que aún es peor, transmiten ese malestar. Aunque navegar parezca que sirve para conocer mucho mundo, hay que tener en cuenta que se trata de una actividad que implica una serie de dificultades que se deben conocer antes de apostar por esta vida. La vida en aislamiento, que se convertirá durante unos meses en pura rutina, nos alejará de los problemas familiares cotidianos que se estén produciendo en tierra, y de alguna forma hará que estemos menos preocupados por esos problemas, ya que en realidad poco podremos hacer por solucionarlos desde el buque. Eso sí, a veces serán de tal impacto, que será muy difícil no venirse abajo (la pérdida de la pareja, el fallecimiento de un familiar, notificación de un accidente o enfermedad de alguien cercano, etcétera).

En el buque, la mayor parte de la tripulación conoce perfectamente sus tareas, ya que estas suelen estar desarrolladas en procedimientos. Esto ayuda a la planificación, y a la búsqueda de la rutina diaria. El buque es lo que en Derecho se conoce como una “institución total”, lugar donde un grupo de hombres y mujeres viven y trabajan, sometidos a una jerarquía, aislados de la sociedad, y durante un prolongado periodo de tiempo en el cual estarán apartados de la vida exterior. El que ese grupo de personas encuentre esa rutina, puede significar el éxito durante el tiempo de embarque. A veces he llegado a encontrar un paralelismo entre el día a día en un buque, y el que vivió Bil Murray en 1993 cuando rodaba la película “Atrapado en el tiempo”, famosa porque el protagonista, meteorólogo de televisión, no conseguía escapar del “Día de la marmota” en el que había quedado atrapado, y que se repetía cada veinticuatro horas.

Siempre existen personas que nunca se vienen abajo, igual que existen otras que nunca se marean, pero lo normal es que la mayoría terminen sufriendo por los largos meses de embarque. Y como ya he citado, uno de los factores que influirá en ese grado de soledad, será el tipo de barco en que se navegue. No es comparable la vida en un gran buque de pasaje, con la vivida en un gran barco petrolero, en un portacontenedores, en un buque de pesca o en un buque de guerra.

En los buques de pasaje, la diferencia es obvia. Aunque el periodo de embarque pueda ser similar al que se realiza en otros buques, la vida a bordo cambiará mucho, al igual que aumentará el número de visitas a puertos, y en general la posibilidad de poder relacionarse. Pero pensando en la típica vida en un barco conviviendo con una tripulación de unas quince personas, la cosa cambia. Un buque petrolero, o portacontenedores, podría estar dotado de esa tripulación. En esos buques hay que buscar las rutinas. Por el contrario, la vida en los buques de guerra, en cuanto al número de tripulantes, también es muy diferente a la de los buques mercantes, ya que los fines de las misiones y sus sistemas, exigen mayor número de personal embarcado.

Figura 3: Comida de “domingo” en pruebas de mar del BPE Juan Carlos I

LOS MOMENTOS DE OCIO:

Hace poco tiempo me preguntaron que, si en los buques existían sábados, domingos y festivos. A lo que yo contesté que no, pero que se trataba de que lo pareciesen. Me explico. Obviamente el trabajo principal de los marinos a bordo es la realización de guardias y trabajos, y esas tareas hay que realizarlas obligatoriamente a diario, aunque siempre, dependiendo del tipo de buque, se tiende a intentar realizar algo especial los domingos, para que lo parezcan. Uno de esos intentos es el de procurar relajar ese día el número de trabajos, independientes de las guardias, para que el personal pueda estar un poco más descansado, y poder hacer así algún juego especial o simplemente poder disfrutar de un momento de ocio diferente. Y otro buen intento se suele realizar en el momento de la comida. Ese encuentro tan especial del día, se puede convertir en el referente del domingo. El otro día me recordaba Mercedes Marrero, la primera mujer capitán de la marina mercante de nuestro país, que navegando nos acordábamos de que era domingo, cuando a la hora de la comida veíamos la paella.

¿Qué se puede hacer a bordo en el tiempo libre? Vamos a pensar que estamos navegando en ese gran petrolero o portacontenedores. Si las condiciones meteorológicas lo permiten, podremos pasear. Tendremos varios cientos de metros de cubierta, en donde podremos trazar una ruta por la que dar vueltas alrededor del petrolero, o por la que avanzar por debajo de los contenedores. De todas formas, me gustaría destacar tristemente, que estos paseos vistos desde lo alto del puente de gobierno, se asemejan a los que realizan los presos en las cárceles.

¿Y qué más podremos hacer? Pues de nuevo, si la meteorología acompaña, se podría tomar el sol en alguna cubierta. No es raro tener oportunidad de encontrar algún momento de asueto para realizar estos menesteres.

¿Y nos podremos dar un baño? En los tiempos de Magallanes y Elcano, los marinos de la época se bañaban en el mar, aunque eso hoy en día es impensable, salvo en el caso de algún buque fondeado. Pero en la actualidad, si los marinos tienen suerte, todavía podrán darse ese baño. Existen petroleros que por ejemplo tienen una pequeña piscina en popa (al aire libre), donde pueden bañarse a la vez cinco o seis personas (buen plan para un domingo), y recuerdo algún portacontenedores donde existía una pequeña piscina interior, cubierta, con el agua a 27 grados de temperatura. De nuevo, e insisto, los barcos de pasaje con sus piscinas, bares y discotecas, son otro mundo, aunque hay que resaltar que tampoco esos locales están pensados para uso y disfrute de la tripulación.

¿Y aparte de los paseos y baños podremos hacer más deporte? Pues también hay barcos que disponen de un pequeño gimnasio. Recuerdo un buque portacontenedores en el que había uno que tenía una bicicleta estática (eso sí, con un portillo con vistas al mar), un saco de boxeo y una mesa de pingpong. Además, junto a él había una pequeña piscina climatizada, pero suficiente para darse un chapuzón.Incluso si tenemos mucha suerte, y somos aficionados a la pesca, aprovechando alguno de los fondeos que lleve a cabo nuestro buque, podremos hacernos con alguna buena pieza.

Figura 4: Un servidor exhibiendo su pesca

¿Y cómo es la vida social en las cámaras y lugares de descanso? Hace 25 años, en la época de las cintas de vídeo de VHS, las cámaras eran muy frecuentadas a las horas que se emitían las películas. Pero hoy en día todo ha cambiado. La mayoría de los tripulantes se encierran en sus camarotes con sus ordenadores y cada uno tiene sus propios entretenimientos (películas, música, juegos, etcétera).

LA HABILITACIÓN DE LOS BUQUES:

Uno de los condicionantes que más afecta a la construcción de los buques es el de la seguridad en la mar (SOLAS). Cumplir con los requisitos del SOLAS ha sido siempre una de las razones por la que los buques se construían seguros, pero a veces poco pensados para el disfrute de sus pocos tripulantes. La habilitación de los buques, obviamente va a ser muy dependiente del tipo de buque, y de su tamaño, pero siempre se debe hacer un esfuerzo en su mejora, pensando en los futuros moradores del buque, a pesar de que no sean los que lo encarguen y paguen. Ya sabemos que no se podrá hacer lo mismo en un petrolero que en un pesquero, pero esto no debe ser óbice para que no nos preocupemos por su bienestar, por el ruido que padecerán, por sus cocinas, etcétera.

En este sentido me gustaría destacar a un ingeniero naval vasco llamado Jaime Oliver Pérez, quien un día pensó que, si la seguridad de los buques ya estaba garantizada, por qué no dar un paso avante en la búsqueda de la calidad de la vida en la mar. La idea surgió, entre otros motivos, porque un día en una visita a un buque observó a un marinero en albornoz que tenía que recorrer la cubierta exterior de un buque para poder acceder a los aseos.

Figura 5: Jaime Oliver trabajando en su estudio (Fuente: Oliver Design)

Oliver, en su búsqueda de la mejora de la habitabilidad de los buques, se centra en escenarios y entornos más ergonómicos, donde se pueda combinar trabajo, ocio y descanso. Son muchos sus proyectos, con más de cincuenta años de experiencia en diseño y arquitectura naval en todo tipo de buques, y muchos de ellos innovadores.

Figura 6: Las tres generaciones de “Oliver” con su equipo (Fuente: Oliver Design)

En la actualidad, Oliver Design, con tres generaciones de “Oliver” trabajando juntos (Jaime, su hijo Iñigo, y su nieto Iñi), siguen luchando por mejorar la habilitación de interiores, e incluso abarcando la gestión integral de un proyecto, pero siempre trabajando con un alto grado de imaginación y creatividad, algo no muy habitual en los ingenieros navales de hoy en día. Hace poco más de un mes Jaime Oliver disfrutaba transmitiendo su “energía de arquitecto naval” en sus dependencias en Bizkaia, a los futuros ingenieros navales que surgirán de Ferrol.

Figura 7: Visita de alumnos de ingeniería naval de Ferrol a “Oliver Design”

EXPRESIONES MARINAS COLOQUIALES:

Siempre me ha resultado curioso observar la gran atracción que los temas del mar suelen ejercer en las gentes de tierra adentro, y escuchar cómo nacen metáforas marineras referidas a episodios de la vida ordinaria. Por ello existen muchas expresiones marineras, o relacionadas con la mar, que se han trasladado al lenguaje coloquial, con un significado diferente. Algunas están recogidas en la RAE con ese segundo significado, y otras no. Así se podrían destacar algunas muy usuales tales como: “abordar”, “cada palo que aguante su vela”, “caer en las redes”, “como pez en el agua”, “contra viento y marea”, “cortar el bacalao, “donde hay patrón no manda marinero”, “enrolarse”, “existe marejada”, “hacer aguas”, “indicar el rumbo”, “irse a pique”, «irse al garete», “mar de fondo”, “naufragar”, “navegar contra corriente”, “pelillos a la mar”, “perder el norte”, “poner la proa a alguien”, “salir a flote”, “tener agallas”, “tirar por la borda”, “tocar fondo”, “viento en popa”, y “zozobrar”.

Ahora me gustaría destacar alguna expresión marinera relacionada con el confinamiento, pero que no ha sido trasladada al lenguaje coloquial, y que por lo tanto no es tan internacionalmente reconocida. Ya hemos visto que la “mamparitis” es una de esas expresiones, pero no es la única. En los buques, tal como nos está ocurriendo ahora en el confinamiento actual que estamos viviendo, se tiende mucho a la creación de bulos y a la propagación de la rumorología. Por ello, en un buque, cuando “interceptamos una milonga”, se tiende a preguntar que, si ese rumor ha surgido de “radio mamparo”, o “radio escobén” (el escobén es el orificio en la roda del buque por el que sale el ancla y la cadena en el fondeo). En tierra para este tipo de hechos solemos utilizar la expresión “radio macuto”. Un rumor muy típico a bordo suele estar relacionado con cuál será el siguiente puerto de escala, en aquellos buques donde este dato se desconoce.En nuestro confinamiento actual las redes sociales están siendo las grandes precursoras de los bulos.

Otra expresión muy curiosa a bordo, y también conocida internacionalmente (aunque no es específica del confinamiento), es la manera en la que la tripulación denomina al capitán del barco. Este suele ser conocido como “el viejo”. Expresión curiosa que no sé si estará relacionada con el dicho “A barco nuevo, capitán viejo”.

Por otro lado, en España también existen expresiones en tierra, relacionadas con la mar, pero que solo se conocen en determinadas provincias marineras. Por ejemplo, en Cádiz, cuando los chavales juegan al fútbol y chutan el balón muy alto y este cae a un tejado inaccesible, utilizan la expresión “el balón se ha embarcado”, en referencia a que el balón ha quedado aislado, tal como quedan los marinos embarcados.

CONCLUSIONES:

Después de leer este artículo, seguramente habrá quien se esté preguntando que cómo se puede saber si un tripulante está padeciendo la fatídica “mamparitis”, o lo que aún es más difícil, cómo se podría luchar contra ella para vencerla. Respecto a esto último, siendo consciente de que se trata de una pregunta más bien para un psicólogo, diría que habría que luchar contra ella a base de sufrimiento. Pero respecto a la primera cuestión, la de saber si una persona padece el mal, puedo dar unas ligeras indicaciones. Podremos detectar que una persona está siendo absorbida por el mal de los buques, cuando empiece a gritar más de lo normal, cuando no pare de criticar a todo aquel que se cruce en su camino, o en los casos más extremos, cuando comience a hablar sola o aparezcan en ella síntomas de ira. A veces, vistos desde la distancia, algunos casos se podrían encasillar como graciosos, aunque vistos desde cerca, no lo son tanto.

Hay causas que pueden ayudar a acelerar este mal a bordo. Momentos del día tan queridos como el de la comida, pueden convertirse en el detonador de la aparición del mal, si esta no cumple las expectativas generadas (a veces la escasez de los alimentos puede hacer que las comidas bajen de calidad por reducción de los mismos, o que se repitan con asiduidad). También el estado de la mar es otro factor que afecta en el carácter a bordo. Vivir sometido a fuertes golpes de mar (pantocazos), es muy diferente a navegar con la mar como un plato. Esta última permite que el personal descanse mejor, y que afronte el día posterior con mejor ánimo.

Como conclusión final, me gustaría destacar que la única forma real que existe de anteponerse a la aparición del mal de los buques, o de conseguir que desaparezca una vez que ya se haya materializado, es con capacidad de sufrimiento. Y por supuesto esta capacidad dependerá de cada persona, ya que cada tripulante tendrá sus propios límites, y obviamente los tripulantes nerviosos siempre lo pasarán peor que los más tranquilos. La “mamparitis” no deja de ser un reflejo de la personalidad de cada persona, y de su comportamiento ante la vida en aislamiento y confinamiento. Probablemente el tipo de personas que sufren más en los barcos, será el tipo de personas que más sufran en confinamientos como el que estamos viviendo ahora en nuestras casas con el temido coronavirus, que ha intentado, y a veces logrado, minar nuestra salud psicológica. Probablemente las redes sociales, tan positivas para muchas cosas, también hayan tenido su parte de culpa en la aparición de la “mamparitis” en casa, debido al gran volumen de información transmitida, no siempre dotada de información veraz y positiva..

Por todo ello nunca olvidemos este refrán marinero:

Penas y olas, nunca vienen solas”.

Y entendamos el respeto al mar de los marinos porque:

“El que ha naufragado, teme al mar aún calmado”.

Y nunca olvidemos que:

“No existe hombre de mar, que no se pueda ahogar”.

¡Hasta dentro de tres semanas (por el 1 de mayo)!

Raúl Villa Caro

En el año 1999 me licencié en Marina Civil (sección Náutica) en la Universidad del País Vasco. En 2001 obtuve el empleo de A.N. del Cuerpo General de la Armada y en 2005 la patente del Cuerpo de Ingenieros de la Armada. En el año 2001 obtengo el título de Ingeniero Técnico Naval (Estructuras Marinas) en la Universidad de A Coruña y posteriormente el título de Ingeniero Naval y Oceánico y el Diploma de Estudios Avanzados. En 2003 obtuve el título profesional de Capitán de la Marina Mercante. Desde Octubre de 2010 estoy contratado por parte de la UDC como profesor asociado. Actualmente además de realizar tareas de investigación en el Grupo Integrado de Ingeniería, y desde octubre 2010, imparto docencia en la Escuela Politécnica Superior (Grado y Máster en Ingeniería Naval y Oceánica). Mi actividad principal, fuera de la UDC, se desarrolla en la Ingeniería de Construcciones de Buques (Arsenal de Ferrol) como Jefe de la Ingeniería de Plataforma. Desde abril de 2012 hasta diciembre de 2013 fui Secretario de la Delegación Territorial en Galicia del COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS NAVALES, y desde enero 2013 soy Secretario de EXPONAV (Fundación para el Fomento del Conocimiento de la Construcción Naval y de las Actividades Marítimas).En 2015 obtuve el título de Doctor por la Universidad de A Coruña.

30 Responses

  1. Jose Manuel Curto López dice:

    Buenas tardes Raúl. Bonito y muy ilustrativo artículo, sobre todo para los no profesionales. Te contaré dos anécdotas de mis navegaciones.Primer embarque como oficial mercante duración 13 meses y medio. .Otra como navegacion más larga 54 días de Baltimore USA a Kashima Japón, al no poder pasar por el Canal de Panamá. Ahora cuando el tiempo ha pasado las recuerdo con mucho agrado,eran buenos también cómodos barcos y yo muy joven 😊😊 Saludos y un fuerte abrazo virtual. Ya queda menos

  2. Antonio dice:

    Gracias Raúl.
    Muy bien aplicable a los tiempos que corren. Alguno debiera de tomar nota, aunque en regla general, creo que todos lo están haciendo fantastico. Un abrazo. Cuídate.

  3. Good info. Lucky me I raan across your blokg by chance (stumbleupon).

    I’ve saved as a favorite for later!

  4. J.M. Verdial dice:

    Veo que no descansas y que teletrabajas.

    Un abrazo y sigue así.

    Muchas gracias.

     

  5. SATURNINO dice:

    Hola Raúl.
    No podías redactar mejor artículo para compararlo al estado en que vivimos.
    Muy buen trabajo y como siempre muy bien explicado.
    Lo importante en estos casos en saber mantener la cordura, la calma y convivencia. Hay muchas cosas buenas que hacer aunque nos encontremos en un espacio cerrado.
    Espero que esto pase pronto y podamos volver a la vida cotidiana.
    Cuídate y un fuerte abrazo.
    Saludos.

  6. Jaime Oliver dice:

    Hola Raul

    Gracias por el valor que das a la ”Calidad de la vida abordo” ,tema que me ocupa gran parte de mi vida profesional
    A principios de Mayo te enviaré un nuevo trabajo que estoy elaborando a raíz del Covid 19 y muy relacionado con este tema
    Un fuerte abrazo
    Jaime Oliver

  7. JCDS dice:

    ¡Menudo cátering que se gastó el Astillero en aquella semanita de tumbos van tumbos vienen! 😆😆😆

  8. Guillermo Arias dice:

    Un tema muy interesante en los tiempos que corren
    La gente sabrá valorar más a los marinos
    Me queda por escuchar la entrevista!
    Muchas gracias!

  9. Mercedes M. dice:

    Por cierto! Es curioso cojo vuelven los recuerdos de repente.
    Lo de la paella fue recurrente en todos los barcos.
    Quizás al final ya variara un poco.
    Pero otra cosa que recuerdo (en Trasatlantica seguro), era cuando fuiste toda la semana el vino era de brick o muy normalito y los domingos de mejor calidad y embotellado.
    El vino de la semana tenía un nombre que ahora no me viene a la cabeza.
    En Fred Olsen los domingos, nos cuadraba el mediodía atracados y hacíamos un aperitivo antes de comer

  10. Toni dice:

    Hola Raúl.

    Siempre es un placer escucharte y aprender cosa de interés, sobre todo en estos momentos de confinamiento.
    Espero que tu y los tuyos estéis bien.

    Un cordial saludo.

    Fuerza, templanza y buen vino. 💪🏻😊🍷.

  11. Ana A. dice:

    Que interesante. Muchas gracias. Me encanta cómo lo explicas.

  12. Paz dice:

    Raul muy interesante 👏👏💋

  13. Carlos A. dice:

    Enhorabuena Raúl me ha gustado mucho los comentarios que has hecho y las relaciones con nuestro estado actual.
    Todos estamos afectados un poco de mamparitis.
    Muchas gracias!

  14. Puri dice:

    Que interesante y apropiado😄 gracias!

  15. Andrés dice:

    Buenos Dias Raul:
    Bonito y descriptivo artículo. Describe muy bien el tema. Yo navegue bastante en petroleros. Como sabes mi primer barco fue el Urquiola/EGEY. Desde La Coruña a Rastanura ó Dubai, el viaje redondo eran 64 dias viendo agua y cielo, y con algunos dias de mal tiempo y mala mar. He visto casos de Mamparitis. A mi personalmente, lo que peor llevaba eran las fondeadas. El momento peor que he pasado fué el estar un mes fondeado en Lavan Island , Iran después de un viaje de 17 dias desde Durban. Nos coincidió con la caida del sha y la entrada de jomeini al poder. Llegamos a estar más de 30 petroleros fondeados. Con restricciones de alimentos y agua dulce. Me he extendido demasiado, asi que perdon.

    Un abrazo.

    Andrés

    • Hola Andrés. Encantado de saludarte. No te has extendido nada. Siempre es bonito leer las experiencias de los más veteranos. Seguro que me servirán para alimentar otra noticia futura. Te llevas de nuevo la medalla de la semana. Un fuerte abrazo

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